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Florencia, recordando ese 4 de Noviembre del 1966

El día en que el río Arno traicionó la confianza de los florentinos.

El Arno ‘un fiumicel che nasce in Falterona, e cento miglia di corso nol sazia‘ como lo llamo Dante Alighieri en su Comedia, ha sido fuente de vida y riqueza durante siglos; un gran y viejo amigo de los florentinos, aunque a veces les ha ‘dado la espalda‘. Una relación simbiotica de amor, a veces de odio, entre los florentinos y su rio, que ha llegado hasta la actualidad. El Arno siempre ha representado la principal fuente de desarrollo de la ciudad, de actividades productivas y comerciales, así como del crecimiento social y cultural de sus habitantes.

Desde su fundación, Florencia ha sido sumergida 180 veces por las aguas del Arno. 180 inundaciones ‘certificadas’ por los antiguos cronistas, y según Mario Lopes Pegna, de las cuales 63 han sido tan catastróficas las podemos llamar ‘diluvios e inundaciones’. Las dos inundaciones más desastrosas, la de 1333 y la del 1966, tienen la curiosa coincidencia de que ocurrieron el mismo dia: 4 de noviembre.

Siempre llueve en Italia, el 4 de noviembre. En el 1966, la ciudad estaba lista para celebrar el 4 de noviembre: los preparativos habían continuado durante toda la víspera, el dia siguiente seria un dia de celebración para conmemorar el aniversario de la victoria de la Primera Guerra Mundial. Como cada víspera de la fiesta, la gente pasaba agradables horas de ocio, se detenía a ver los escaparates decorados para la ocasión se encontraba con amigos, familia o conocidos para charlar, entraba y salía de bares, tiendas, librerías, cines…

Podemos afirmar que es gracias a ese dia de fiesta que seguramente se salvaron muchísimas vidas humanas. Si la catastrofe se hubiera manifestado un cualquier dia de trabajo, seguramente la cifra de fallecidos hubiera sido mucho mas elevada, ya que la violencia de las aguas golpeo Florencia en media hora, inesperada y terrible como en un cataclismo apocalíptico.

Florencia dormía mientras crecía la catastrofe. Los cazadores se iban al campo sin saber que ya no existía el campo. Las autoridades vigilaban la ciudad mientras dormía, pero no podían predecir el futuro. A partir de las 4 de la noche, el rio Arno empezó a recibir la oleada de agua vertida por las presas cercanas y a esta, mucho más monstruosa, de los diferentes afluentes que ya habían sembrado desesperación y muerte a las puertas de la ciudad.

En las zonas mas bajas de la ciudad, el agua ya se llevaba arboles y coches. Florencia dormía mientras el drama más aterrador de su historia era ya imparable. El comienzo de la agonia de la ciudad tuvo una hora: el impactante cataclisma mas impactante de su historia exploto a las 7.26. En ese momento los relojes eléctricos se detuvieron; el ultimo puente, el de San Niccolò, fue invadido por las aguas del Arno que se desbordaron en los parapetos. En el barrio de Gavinana el agua había alcanzado una altura de dos metros. El rio tronaba sobre los hombros del Ponte alle Grazie y el Ponte Vecchio. Un mar de agua fangosa cayo sobre la ciudad partida en dos, aislada del mundo, inalcanzable des del cielo, desde la tierra.

Un gran lago se extendía sobre la ciudad. Florencia era una trampa mortal de la que uno no podía salir.

La masa de agua que golpeo Florencia se estima en 100 millones de metros cubicos y unas 600.000 toneladas de barro o lodo. El retiro lento de las aguas duro toda la noche entre el 4 y el 5 de noviembre. La mañana del dia 5, el agua abandono todas las zonas de Florencia, dejando tras de sí las huellas imborrables de su paso: barro, gasolina, escombros, enseres domésticos, vehículos de todo tipo y cadáveres de animales. El 5 de noviembre fue aun un dia mas triste: los florentinos se dieron cuenta del dano real, las muertes y la destrucción causadas por esta tragedia.

Los florentinos -inundados, embarrados, hambrientos, sin hogar, sin agua, sin luz, sin gas, sin teléfono, sin calefacción, sin tiendas, sin medicinas, sin ropa- se muestran de inmediato activos, incluso sin miedo, sin debilidad, sin lamenta. Se muestran al mundo con fuerza y ejemplo. 

Tan pronto como los informes e imágenes se difundieron por todas partes y se conocieron las proporciones del desastre, hombres y mujeres de todos los países se apresuraron a Florencia, envíaron dinero, ayuda, muestran solidaridad. ‘Sin Florencia -dice un extranjero- nos sentiríamos solos’. Vinieron solos, en pareja, en grupos, de todas las universidades, de todas las escuelas italianas. Vinieron de Francia, Suiza, Alemania, Austria, Inglaterra…llegaron de todas las partes del mundo. Algunos en coche, otros haciendo autostop. No pidieron nada, querian ‘salvar la cultura‘; se dirigieron a los museos, iglesias, bibliotecas para salvar obras maestras, libros, mobiliario sagrado y limpiar facultades universitarias.

Gracias a todas las manos y corazones que se juntaron para salvar la amada Florencia, la ciudad pudo poco a poco volver a su esplendor. Un esplendor que ha llegado hasta nuestros días, pero que aun hoy en dia, en las calles del centro histórico, recuerda esa terrible tragedia que no se quiere olvidar: caminando por Florencia, uno se da cuenta que la ciudad esta seminada de placas que nos remontan a ese dia: ‘nivel alcanzado en la inundación de 1966′. Los palacios y las calles albergan estos tristes mensajes, que se pueden ver levantando un poquito la mirada.

Después de 55 anos, las placas permanecen, a veces en compañía de otras que marcan las precedentes inundaciones, pero todas siempre más bajas que las del 1966.

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Sobre nosotros

Mi Viaje en la Toscana es el resultado de la pasión de Meritxell, por la región de la Toscana. Pasión que inicialmente nace por Italia en general, ya que desde pequeña empezó a mostrar un interés exorbitante por la cultura italiana. Ya como Historiadora del Arte y Gestora de Turismo Cultural, decidió trasladar su residencia a Florencia, ciudad que la fascinó y que la incitó a convertirse en Guía Turística Oficial de Florencia y de la Toscana.
Apasionada del arte, la escritura y la fotografía; gracias a su amor por esta tierra, decidió emprender el proyecto de Mi Viaje en la Toscana para divulgar de manera activa y profunda, esta especial y maravillosa parte del mundo.

Un agradecimiento especial a: Federico D., Borja P., Mercè M. y Javi A.

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